Objetivos

Son objetivos de la Fundación:

  • Difundir el ideario del Dr. Antonio Sobral.
  • Editar trabajos científicos, literarios o históricos de autores locales.
  • Promover el desarrollo integral y cultural de la ciudad y la región.
  • Contribuir al sostenimiento material de la Institución Biblioteca “Bernardino Rivadavia” y de los establecimientos educacionales que de ella dependan.
  • Realizar y/o promover reuniones culturales con la presencia de escritores, poetas, historiadores, etc.
  • Organizar conciertos musicales, espectáculos de teatro, danza o cualquier otra manifestación artística con sentido de difusión popular.

La Fundación Cultural “Dr. Antonio Sobral” fue creada el 2 de diciembre de 1972. Luego de la desaparición física del Dr. Sobral, un grupo de colaboradores y amigos decidió la creación de una entidad sin fines de lucro que llevara su nombre; así nació la Fundación Cultural “Dr. Antonio Sobral”. Fue su primer Presidente el Prof. Pedro Cicottino. También ocuparon la Presidencia el Lic. Eduardo Marzolla y el Prof. Eduardo Martínez.

En la actualidad, la Fundación Sobral es presidida por el Prof. Horacio Lucero y tiene su sede en la Biblioteca “Bernardino Rivadavia” Antonio Sobral Nº 378 de la ciudad de Villa María, con oficina que atiende al público de lunes a viernes de 08:30 a 12:30 horas.

Tel. (0353) 452-2327
e-mail: fundacionsobral@bibliotecarivadavia.edu.ar

 

 

Proyectos ejecutados

La Fundación Sobral desarrolla sus Proyectos orientados hacia dos ámbitos: Cultural y Social

 

Proyectos Culturales ejecutados

Conferencia

Se realizó una charla sobre: “Alfabetización: La experiencia cubana” a cargo del Dr. Armando HART DAVALOS, ex Ministro de Educación y Cultura de Cuba, Ideólogo y ejecutor del Plan de Alfabetización de ese país, Presidente de la Sociedad Cultural “José Martí”

Viernes 23 de mayo de 2003 – 20 horas – Auditorio: Luz y Fuerza Villa María

 

Conciertos

La Orquesta Sinfónica Nacional actuó por primera vez en Villa María, el sábado 12 de julio de 2003, a las 21:00 horas, en el Teatro Verdi.

La Orquesta de Cámara “Córdoba Ensamble Bach” y el Coro “Nonino” de la UNVM, ofrecieron las “Cantatas de Bach” en la Iglesia Catedral el 23 de noviembre de 2003 – 21:00 horas

 

Publicaciones

Se editó la novela infanto-juvenil “Un año es muy poco” de la autora local Prof. Marta Parodi

 

Proyectos Sociales ejecutados

Programa “Becas Estudiantiles 2003”

Este programa benefició a 180 alumnos de todos los niveles de la Escuela Normal “Víctor Mercante” e Instituto Secundario “Bernardino Rivadavia” de Villa María, quienes recibieron merienda diaria, atención médica, medicamentos, anteojos, uniforme escolar, abono de transporte, bolsón de mercadería y calzados.

 

Donaciones

La Fundación Sobral colaboró con la Farándula Estudiantil, equipo de voley que participó de Campeonato internacional en el Chaco, Campeonato Nacional Infantil de Voley organizado por la Biblioteca Rivadavia, alumno del Instituto Secundario que participó de las Olimpíadas de Matemáticas.

 

 

 

Biografía de Antonio Sobral Escrita por Daniel Baysre

Antonio Manuel Sobral, nació el 20 de diciembre de 1897 en la ciudad de Villa María. Sus padres fueron Constante Sobral y Ángela Calvo. Aprendió sus primeras letras en el Colegio Francés un establecimiento privado. Realizó sus estudios primarios en la Escuela Fiscal de Varones, donde su maestra era Margarita Colazo Narvaja. Sus estudios primarios los iba a terminar en el Instituto Sarmiento, propiedad de don Alfredo Vitulo, hacia quien Sobral guardó siempre un cariñoso recuerdo.

En ese entonces, su ciudad carecía de establecimientos de enseñanza media, por lo que Vitulo le pide a don Constante Sobral autorización para inscribirlo en un los cursos de ciclo básico que iba a abrir, y a la culminación del mismo, los haría rendir en la ciudad de Río Cuarto. Sobral aprueba el primer año, y en 1916, se traslada a Córdoba donde seguirá estudiando en el Colegio Santo Tomás. En 1919 vuelve a Río Cuarto y aprueba las asignaturas de tercero, cuarto y quinto año.

En 1920 ingresa a la Universidad de Córdoba y en solo dos años se recibe de abogado. En 1923 contrae enlace con Teresa Rodríguez Estévez y el 14 de enero de 1926, es elegido presidente de la Biblioteca “Bernardino Rivadavia”.

Ese mismo año Sobral es elegido Senador Provincial, pero no asume por no contar a la fecha con los 30 años de edad requeridos por la Constitución Provincial.

Dos años después Sobral es electo Diputado Provincial por el radicalismo y elegido por sus pares para presidir la Cámara. Como legislador se recuerdan sus proyectos de ley, creando en Villa María la jurisdicción en materia criminal, trayendo a ésta el juzgado del Crimen. Durante su gestión presentó varios proyectos de importancia, entre ellos, la Ley Orgánica de Instrucción Pública; Ley Orgánica de Bibliotecas Populares; Estímulo a la producción intelectual y artística de la Provincia, etc.

En 1929, Sobral es designado profesor de Historia y Psicología en el Colegio Nacional de Córdoba y en 1930 Sobral da la puntada inicial a esa obra educacional a la que le iba a dedicar los mayores esfuerzos, efectivamente ese año se crea el Instituto Secundario “Bernardino Rivadavia”, en un principio incorporado al Colegio Nacional de Córdoba. Villa María se sumaba así, a las ciudades que contaban con establecimientos de enseñanza media, de los que hasta ese momento carecía.

También en 1930 Sobral discute en la Cámara de Diputados su importante proyecto de Ley de Educación y después de un debate memorable en donde el Dr. Sobral sostuvo la enseñanza laica y las orientaciones de la nueva educación, se aprueba el proyecto del Dr. Sobral por unanimidad de los sectores radicales y demócrata. Cuando el senado provincial iba a convertirla en Ley se produjo el golpe militar del 6 de setiembre que derribara a Yrigoyen y al disolverse las Cámaras la sanción no se produjo.

Producido el golpe militar se disuelven las instituciones de la democracia y el “uriburismo” traba la acción política, Sobral dedica entonces sus mejores esfuerzos a la educación, la década del 30 será para él una época de creaciones, de esfuerzos y sacrificios en el campo de la cultura.

Prueba de estos sacrificios, debemos decirlo, como homenaje a su esposa, Sobral no vaciló, con el apoyo de doña Teresa, en empeñar sus propios bienes para que la obra pudiera perdurar. Los esfuerzos y las privaciones para mantener la escuela no fueron males de poco tiempo, hubo que soportarlo con reiterado estoicismo año tras año.

Pero esta situación de falencia económica no arredraba a Sobral quien persistía en sus esfuerzos con una voluntad de la que sólo son poseedores aquellos que están profundamente convencidos de su acendrada vocación misional.

Un artículo de un periódico de la época narra que “al cerrarse la matrícula de los cursos normales de la institución, quedaron sin ocupar seis asientos de primer año. El Dr. Sobral sin decir nada, tomó la calle, se dirigió a la escuela de niñas, donde su directora le dio la nómina de las seis mejores alumnas que habían terminado la escuela primaria.

El Dr. Sobral anduvo por las rancherías de la orilla, se puso en contacto con los padres misérrimos que no tenían qué comer y menos cómo costear estudios superiores a sus hijas. Extrajo de allí las futuras maestras y dio lo que faltaba, todo: útiles, matrícula, calor de entusiasmo…”.

Seis años después, el gobernador Amadeo Sabattini al asumir la Gobernación en 1936, le ofrece al doctor Sobral la Presidencia del Consejo de Educación, ofrecimiento que éste rechaza para poder dedicar todo su tiempo a “su” escuela de Villa María.

En mayo de 1941, Sobral recibe una esquela del Secretario del Gobernador de la Provincia, en ella se “complace en hacerle llegar la adjunta copia del Proyecto de Ley por el que se crea la Escuela Norma Superior de Córdoba, solicitándole, por especial encargo del señor Gobernador, quiera tener la deferencia de remitirle con la urgencia posible, la opinión que el mismo le merece”. En 21 hojas de tamaño oficio se acompaña aquel proyecto de Ley, destinado a tener honda repercusión en Córdoba.

En octubre de aquel mismo año Sobral es puesto al frente de la institución que acababa de crearse, la Escuela Normal Superior de Córdoba “Garzón Agulla”, establecimiento que ganase bajo la dirección del doctor Sobral, un inmenso prestigio.

Más tarde, en 1943, Sobral es designado Presidente del Consejo Provincial de Educación, cargo en el que solo durará cuatro meses, puesto que otro golpe de estado, ha triunfado en el país. No obstante su brevedad, Sobral ha logrado, actuando con una dinámica sorprendente, dar solución a añejos y complejos problemas en la educación de la provincia, que parecían insolubles. Sobral actuará en base a tres importantes iniciativas que elevaría a la consideración del gobernador de la Provincia, y que contará con la posterior aprobación del Poder Ejecutivo cordobés.

Los tres trabajos constituían un cuerpo perfectamente ensamblado, de alto interés para el magisterio y la comunidad interesada en el mejoramiento de la instrucción pública. Por ello los mismos fueron leídos en reuniones de personal en los establecimientos educacionales y se dieron a conocer a las cooperadoras escolares. Para facilitar la tarea, se editó un folleto que debía ser incorporado al inventario de la escuela, puesto a disposición de maestros y vecinos que desearan consultarlo.

 

 

ASAMBLEA DE MAESTROS.

En 1937 la Dirección General de Escuelas de la Provincia de Córdoba, resolvió revisar los vetustos planes y programas escolares vigentes desde 1916. Se confeccionaron entonces programas analíticos en reemplazo de los sintéticos, pero esa medida, aunque importante y bien inspirada, estaba lejos de constituir la herramienta principal para lograr la reforma fundamental de la educación primaria tan anhelada.

De todas maneras las disposiciones de 1937 estaban en proceso de experimentación, observación y crítica, concitando el interés de los educadores. Al llegar Sobral en 1943 a la Dirección General de Escuelas, creyó llegado el momento de efectuar las evaluaciones correspondientes y dar una solución, como el mismo lo expresara el 14 de mayo, que “contemple la opinión del magisterio, cabal y constructivamente expresada” -y agregaba- “Por la continuidad de su trabajo, por la directa vinculación con el medio social, por el trato incesante con los niños, los educadores son los que pueden establecer con mayor precisión si los programas responden o no, en su concepción y en su contenido a las finalidades y propósitos que determinaron su elaboración” (Nota del 14 de mayo de 1943 al Honorable Consejo). La educación para Sobral no actuaba solamente mediante valores ideales, la consideraba un actuar vivo aplicado a campos bien diferenciados de la existencia concreta de la comunidad. Los programas debían por lo tanto acondicionarse a esas primeras circunstancias reales “y no ser meras especificaciones del saber abstracto acumulado por la humanidad”.

Los programas debían reflejar, para Sobral, la composición del medio social y natural que rodea la escuela, y eran los maestros quienes mejor podrían percibir esos rasgos fundamentales. Pero Sobral no olvida la participación de la comunidad, por eso escribe “… para ello he creído oportuno de que el vecindario tenga la posibilidad de participar en la vida escolar, llevando sus problemas e inquietudes a estas asambleas de educadores, para que las mismas sean contempladas en la confección de los programas” -y agregaba- “además, con esto se logra -suprema aspiración- una más efectiva y estrecha vinculación entre los educadores y el pueblo”.

Como consecuencia de esta iniciativa el Consejo de Educación resolvía reunir en todas las escuelas, asambleas constituidas por el personal directivo y los docentes, para considerar los resultados de los programas que se venían experimentando y los remitidos por la Inspección General.

Sobral quería -hoy se nos antoja una perogrullada- que fueran los maestros, en contacto diario con el niño y con su ambiente los que debatieran los problemas de la educación, pues lo corriente era que gabinetistas elaboraran programas tipo sin contemplar el ámbito social, en que ésos serían aplicados.

 

 

LOS INSPECTORES ¿AMIGOS O ENEMIGOS?

Existe la opinión generalizada de que la llegada de un inspector a una escuela, ocasiona siempre un estado de nerviosismo y tensión en el personal del establecimiento.

Es posible que no sea la norma, pero nadie podrá negar, con sinceridad, que esto suele ser una realidad en muchas escuelas. Temores infundados muchas veces, es cierto, pero existen. Como tampoco se puede negar que algunos inspectores o supervisores, dan lugar a estas tensiones, actuando de manera, que más se asemejan al detective que busca una falla, que al orientador que se presupone debe ser.

Esto no era novedad tampoco en 1943. Más aún, era una realidad apuntalada entre otras razones, en un centralismo que en la práctica era más burocrático que técnico y que para agravar la situación, no cumplía con eficacia su acción orientadora y estimuladora de las instituciones educativas.

Por ello Sobral el 15 de junio, once días después del pronunciamiento militar que derrocar al Presidente Castillo, se dirige nuevamente al Consejo de Educación, presentando una nueva iniciativa que contaría con la aprobación del cuerpo. En su mensaje Sobral afirmaba “… La inspección técnica debe llenarse de un nuevo sentido para que actúe como un órgano vivo de orientación pedagógica, activo y consecuente, capaz de imprimir a la tarea escolar de todos los días el entusiasmo que suscita la pasión por los problemas de la educación y la aptitud para comprenderlos y resolverlos.

El inspector debe ser un agente que estimule y llene a la escuela de un optimismo creador, por la riqueza de sus iniciativas, de sus sugestiones y por la clara concepción de sus problemas. De aquí que ya no se concibe la imagen habitual de este funcionario técnico investido de un simple poder de policía sobre maestros y directores, llevando, en esta forma, la incertidumbre y el temor y, por esto mismo, actuando como elemento perturbador de la escuela. No se le puede concebir, entonces, a un inspector de enseñanza cumpliendo solamente una función de vigilancia sobre las escuelas, para que se cumplan los fines de la ley de educación, los planes y programas de estudio, y las obligaciones morales y profesionales del cuerpo docente, que si es verdad que es importante, no es su misión específica y substancial” -más tarde afirma- “Maestros y directores deben hallar en el inspector la representación más pura de una orientación espiritual y pedagógica responsable y seria, pronta a traducirse en hechos directamente vinculados a la organización y desenvolvimiento de las escuelas”: Luego Sobral dice que el inspector debe buscar apoyo en la comunidad, nutrirse de la misma, puesto que, de la colaboración depende el éxito, entonces afirma: “Si, por el contrario, esa colaboración no existe, y ocupan su puesto la indiferencia, la insensibilidad o la hostilidad abierta o disimulada, la obra escolar está amenazada de fracaso. Es sobre esta realidad en la que deben operar los inspectores, atrayendo, por la labor metódica y prestigiosa de todos los instantes, la buen voluntad de los vecinos hacia la escuela”.

En base al mensaje de Sobral, el Consejo disponía el 16 de junio de 1943, la descentralización de la Inspección Escolar Técnica, dividiendo el territorio provincia en doce distritos escolares, obligando a los inspectores a radicarse en la ciudad o población cabecera del Distrito.

Además, a través de la resolución de 4 artículos y 23 incisos se determinaban las obligaciones y deberes de los inspectores.

Valdría la pena, sin duda, se relean aquellas disposiciones incumplidas, ya que 63 días después de emanadas, el Consejo de Educación era intervenido por las autoridades militares surgidas del movimiento del 4 de junio de 1943.

 

 

ESTATUTO DEL MAGISTERIO

El 18 de junio Sobral da a conocer su tercera y fundamental iniciativa, el Estatuto del Magisterio. Con ella complementaba el trípode de iniciativas, para asentar la gran reforma educacional anhelada por el magisterio y la comunidad educativa.

Aquel estatuto aprobado por el Gobernador Santiago H. Castillo, por Decreto Nº 50975, del 19 de junio, satisfacía las más legítimas aspiraciones del magisterio provincial.

A través de los 46 incisos de su artículo 1º transitaba por los distintos aspectos de la carrera docente, en un todo orgánico y unitario. Allí encontramos disposiciones sobre el Escalafón, Ingreso a la carrera docente, Registro de aspirantes, Ascensos, Concursos, Jurados, Juntas Calificadoras, Estabilidad y Tribunal de disciplina.

El artículo 40º otorgaba estabilidad en estos términos: “En ningún caso las ideas políticas, religiosas o filosóficas de los maestros, podrán ser causal de sanciones disciplinarias de ninguna índole, siempre que no hagan propaganda de ellas dentro de la escuela y que no atenten contra el régimen institucional consagrado por la Constitución Nacional”.

Esto era el golpe de muerte para la politiquería que hacía de los puestos en la docencia un arma de demagogia con promesas preelectorales y de incertidumbre permanente para el maestro, sujeto a los vaivenes de la política vernácula.

En su mensaje al Consejo de Enseñanza, Sobral recuerda: “Uno de los anhelos más hondamente sentido por el magisterio del país y de la provincia es, sin duda alguna, el reconocimiento de sus derechos legítimos y la organización de los mismos en un Estatuto que les dé unidad, consistencia y arraigo definitivo” -para agregar más luego- “En el breve lapso que llevo frente de mi cargo, y mientras preparaba las iniciativas -convertidas hoy en resoluciones firmes- sobre programas estructurados con la participación de los maestros y de los vecindarios y sobre la descentralización de la Inspección Técnica, no aparté la vista del estatuto del Magisterio, que es la meta más importante y la conquista más preciada, ya que sin la organización de la carrera del educador alrededor de principios de dignidad, estabilidad y progreso profesional no hay reforma escolar seria, ni siquiera acción educativa cotidiana medianamente auténtica. Sólo dando al magisterio la sensación neta del respeto de sus derechos materiales, espirituales y profesionales le habremos ganado por dentro para la gran empresa de la formación de las nuevas generaciones”.

En 1944 y bajo el gobierno militar, Sobral acentúa su labor al frente de la Biblioteca “Bernardino Rivadavia”.

Su continua prédica a favor de la educación, como era de esperar, cala profundo en los egresados de la escuela, los inspirados por el maestro, instituyen en enero de 1944, 25 becas (15 para niñas, 10 para varones) para proseguir estudios secundarios, dotando a los beneficiarios de textos de estudio, material escolar y los derechos arancelados fijados por la nación.

“La Biblioteca” informaba que la existencia de volúmenes a la fecha era de 3.652 libros. Anuncia también la adquisición de discos fonográficos con obras de Beethoven, Schubert, Tschaikovsky, Chopin, Mozart, Liszt, Schuman y otros, con destino a la discoteca. Con estas grabaciones se realizaban sesiones musicales los días jueves en el salón de la Biblioteca; estas eran dedicadas en cada oportunidad a un compositor y cada sesión era conducida por un libretista, alumno de la Institución. En 1944 acompañaba a Sobral en la Comisión Directiva de la Biblioteca, como Vicepresidente el doctor Juan C. Pizarro Olmos y como Secretarios: Alberto Coronel, Juan Carlos Delgado, José Cohen, Sofía Brochero, Arnoldo Vial, Delia Urreta y Enrique Paris.

También en 1944, la Biblioteca era sede de conferencias y actos organizados por el Ateneo estudiantil Rivadavia, fundado dos años antes. Entre otros actos, todos ellos públicos, merecen recordarse en aquel primer semestre el desarrollo de temas tales como “El sentimiento indiano en la epopeya de mayor”, “El modernismo y la personalidad de Leopoldo Lugones”, “Calvario y vida del creador de la bandera”, “El romanticismo y el poeta Carlos Guido Spano”. El desarrollo de estos temas estaba a cargo de un equipo de alumnos (de nueve a doce) y la participación de relatores oficiales.

En 1946 restituida la democracia en el país, Juan D. Perón asume la presidencia de la Nación y Sobral es elegido Diputado Nacional por la Unión Cívica Radical. En los próximos 4 años, Sobral tendría en su partido, un gran protagonismo, avalado por sus concepciones filosóficas y políticas, su intelecto privilegiado, y el entusiasmo que despertaban sus propuestas en la juventud militante.

 

Agosto de 1946, es un mes clave para la Escuela Normal “Víctor Mercante” de Villa María y la Escuela Normal Superior de Córdoba cuyo primer director fuera también Sobral. El maestro villamariense está interesado en lograr la equivalencia para los certificados es estudio expendidos por ambos establecimientos educacionales y que hasta ese momento tenían solo validez provincial.

 

Sobral logra la adhesión del Diputado Nacional por la mayoría, Leonardo Obeid, quien por atendibles razones políticas, será el encargado de presentar la correspondiente moción en la sesión del 16 de agosto y que cinco días después entra a consideración del cuerpo. En aquel debate donde se logró la equivalencia de los títulos otorgados por las escuelas antedichas, habló el diputado Calcagno, quien entonces decía: “Señor Presidente: deseo expresar que, con mi compañero de comisión, el señor Diputado Dellepiane, hemos suscripto con verdadera satisfacción el dictamen favorable a la aprobación de este proyecto de equiparación de estudios.

El artículo que se está discutiendo me da motivo para decir que tanto en el informe de la Comisión de Instrucción Pública, como las palabras pronunciadas en la sesión anterior por el señor Diputado autor de la iniciativa, se han expuesto detenidamente los fundamentos por los cuales es justo y es ventajoso conceder la equiparación.

No daré todas las razones que han determinado nuestra adhesión; quiero expresar únicamente que tanto la Escuela Normal Superior de Córdoba, como la Escuela Normal “Víctor Mercante”, de la ciudad de Villa María, son dos establecimientos que honran no solamente a las instituciones educativas de la provincia de Córdoba, sino a todas las instituciones de la República y que contribuyen con notable eficiencia a resolver el problema de la segunda enseñanza y de la enseñanza normal en el país.

Es bueno que se sepa, o que se vuelva a decir, que el plan de estudios de ambos establecimientos es superior, tanto en su orientación cuanto en su amplitud, al plan de estudios de las escuelas normales de la Nación.

Por ese plan de estudios; por la orientación e intensificación de la enseñanza que imparten uno y otro establecimiento; por el sistema tan original y tan bien elaborado de apreciación de la labor de los alumnos y el estímulos de sus actividades; por el magnífico cuerpo docente, que se ha seleccionado en una forma estricta y rigurosa; por la acción directa desarrollada en forma ejemplar, con gran capacidad y gran amor, durante todo este último decenio; por la importante obra cultural y social que ambos establecimientos han cumplido en Córdoba y en Villa María, por las garantías que se dan respecto al contralor severo que ha de tener la inspección ministerial sobre una y otra escuela, considero muy justificado el voto favorable por la Honorable Cámara, a fin de que se sanciones esta iniciativa que viene a satisfacer un justísimo anhelo de millares de hogares de la gran provincia de Córdoba”. Noventa y cinco sobre noventa y siete diputados alzaron su mano dando el voto afirmativo cuando el proyecto de ley fue puesto a votación.

La sanción de aquella ley fundamental para la Escuela Normal “Víctor Mercante” era, sin lugar a dudas, el reconocimiento a la tarea pedagógica de Sobral. Justo es reconocer también que a pesar de que Sobral militaba en la oposición, esto no fue óbice para que el renovado sueño del maestro, se corporizara en palpables realidades.

 

 

EL DEBATE SOBRE LA ENSEÑANZA RELIGIOSA

En marzo de 1947 Sobral debe sostener el pensamiento de su partido en tratamiento del proyecto de ley para la introducción de la enseñanza religiosa en las escuelas públicas.

Su discurso de aquella ocasión constituye sin lugar a dudas un documento de excepcional valor y cuya coherencia se vería afectada si tratásemos de extraer algunos párrafos de aquella magistral disertación.

En cuanto a la extensión de su discurso, baste decir que Sobral comenzó su exposición en horas de la noche del 6 de marzo y la concluyó veinticinco minutos después de medianoche, tras haber ocupado por más de dos horas la atención de los diputados.

Remito al lector interesado en aquel memorable debate. En que se registró uno de los más apasionantes duelos oratorios, donde la inteligencia, la réplica aguda y a veces mordaz, el conocimiento acabado de la historia, el manejo dialéctico, la fina ironía, eran las armas con que se enfrentaron aquellos gladiadores de la palabra, a consultar del Diario de Sesiones de la Cámara de Diputados de la Nación (marzo 6 y 7 de 1947 “tarde” 100º Reunión, Continuación de la 34º Sesión Extraordinaria).

 

 

CONCEPCIÓN PEDAGÓGICA DE SOBRAL Y LEY UNIVERSITARIA

Trátase en julio de 1947 el proyecto de ley universitaria. Sobral habla el día 23, lo hace durante los treinta minutos que le acuerda el reglamento. Ante la imposibilidad de transcribir íntegramente su discurso, realizaremos un engarce de conceptos, procurando darla la unidad requerida para su mejor comprensión.

Es de suponer que no serán pocos, los que deseen profundizar en el pensamiento pedagógico de Sobral y que considerando insuficiente los conceptos aquí reproducimos, procuren ampliar en las fuentes documentales. A los efectos de facilitar la búsqueda de dicho material, cito los datos del Diario de Sesiones utilizando (16º Reunión – 15º sesión ordinaria, julio 23 y 24 de 1947, páginas 754, 755, 756 y 757).

Habla Sobral: “El debate sobre la enseñanza universitaria ha demostrado a lo vivo el drama de la juventud argentina en busca de su auténtica expresión.

Desgraciadamente, señor presidente, al sancionar la ley universitaria, no vamos a dar la solución al problema educativo…. En mi caso particular, con preocupaciones por una concepción pedagógica que responda a la auténtica expresión argentina, no creo ni veo una solución al tomar este aspecto parcial del problema. Quiero aprovechar esta circunstancia para anotar mi extrañeza de que a esta altura de la vida argentina, se haya abierto la discusión en el Parlamento sobre un aspecto parcial del problema educacional argentino. Y digo mi extrañeza, porque cuando la insurrección juvenil se hizo presente con todos los tonos de su reclamación en el movimiento llamado de la reforma universitaria, se estaba denunciando ahí, la urgencia de una revisión total del sistema educativo, desde el jardín de infantes hasta la universidad, se estaba denunciando la profundidad del problema, se estaba indicando que no había una crisis específicamente universitaria, sino que había una crisis educacional, mejor dicho, había una crisis del hombre…” -analiza luego los principios de la ley- “…entre los cuatro principios que enuncia como objetivo de la ley universitaria, está el de la formación. Ese concepto no ha sido definido con precisión, en sentido concreto. Nada se ha dicho ni desarrollado en cuanto a la educación como proceso de relación y su enlace con ello de la universidad, como proceso de continuidad. Luego, es previo fijar qué se entiende por proceso formativo, qué se entiende por formación; y cuando así planteemos la unicidad, iremos directamente a central el problema educativo en la personalidad y, centrado el problema educativo en la personalidad, sorprenderemos a esta personalidad ha sido definido con precisión, en sentido concreto. Nada se ha dicho ni desarrollado en cuanto a la educación como proceso de relación y su enlace con ello de la universidad, como proceso de continuidad. Luego, es previo fijar qué se entiende por proceso formativo, qué se entiende por formación; y cuando así planteemos la unicidad, iremos directamente a central el problema educativo en la personalidad y, centrado el problema educativo en la personalidad, sorprenderemos a esta personalidad naciente en el jardín de infantes, siguiendo el proceso de su desenvolvimiento y evolución, hasta su terminación dentro de un sistema intencionado en la universidad…” -encara luego el problema de la cientificidad de la educación- “… es menester saber si estamos o no de acuerdo sobre la cientificidad de la educación y que ésta, por lo tanto, obedece a su propia legalidad. Es necesario también saber, de una vez por todas, y aclarar el concepto de la autonomía educativa, para ver cómo debe comportarse ésta frente a los discutidos derechos del Estado para introducirse en ella. Es menester para llegar a ese ordenamiento escolar completo, que veamos cómo tomamos la ideal del hombre y después de establecer también cómo planteamos el sistema de los fines de la educación. Saber si entendemos los fines en los propios estudios vitales, en sí mismos, con su mundo y su comportamiento propio, en un proceso de ordenación y de continuidad en el desarrollo y la formación de esa personalidad ¿O entendemos que los fines los vamos a extraer del medio social o de un sistema de ideas ajeno a su legalidad, que vendrían a configurar un determinado tipo de hombre? Según nos ubiquemos o demos la respuesta, así construiremos el ordenamiento escolar y según cómo resulte éste así saldrá la idea y la construcción de la universidad”.

Sobral se refiere luego a la personalidad del alumno, de los valores y de la escuela activa, de la necesidad que la ciencia política, puesta en trance de legislar sobre educación, requiera de la ciencia de la educación sus supuestos fundamentales. Luego su tono cambia para denunciar: “…No podemos empezar a tratar el proceso educativo, empezando de arriba hacia abajo. Y hay algo más; nuestro ordenamiento escolar, está exigiendo una total revisión. Es inconexo, anárquico, es desperdiciador de energías, es mutilador de almas.

Nuestro sistema escolar vigente es una importación foránea sin obedecer a nuestra realidad histórica cultural. Trazado por una vía de tipo racionalista, ha vivido subestimando las potencias espirituales y la vida emocional del hombre; ha vivido haciendo al hombre para el progreso, para la vida utilitaria, para el acrecentamiento material y ha vivido despreciando las potencias creadoras del espíritu, para el destino del hombre…”.

Sobral termina su mandato como Diputado Nacional en 1950, habiendo tenido siempre en sus manos el timón de la institución. En su actuación frente al diario “Orientación” y como máximo responsable de Editorial Raigal, dejó su impronta y el reconocimiento de la ciudadanía, pero su verdadera vocación estaba en el campo de la educación. Vuelto a la conducción de tiempo completo en la Escuela Normal “Víctor Mercante” y el Instituto Secundario “Bernardino Rivadavia”, sufre un nuevo ataque de los sectores reaccionarios. La institución es intervenida y la totalidad de los profesores, incluido su conductor son cesanteados.

En 1955, cambia radicalmente el panorama político del país y al año siguiente, en un acto especial Sobral y su plantel de profesores son restituidos en sus cargos.

 

LOS CURSOS DEL PROFESORADO

En setiembre de 1958, el Congreso Nacional sanciona la ley Nº 14.486 promulgada por Frondizi, que permite la apertura de los Cursos del Profesorado de 1959.

La escuela transita ya por los caminos de la enseñanza superior. De sus aulas saldrán los jóvenes profesores que permitirán la apertura de nuevos establecimientos de enseñanza media, que comenzarán a proliferar, pocos años después, en los pueblos vecinos y que contarán con especialistas en las distintas cátedras, que la necesidad obligaba a reemplazar por “entusiastas” maestros, abogados, ingenieros, módicos, etc. que con tesón habían puesto su esfuerzo para cubrir la carencia de docentes existentes en la enseñanza media. Justo es decir que muchos de ellos lo hicieron con eficacia y que aún hoy, años después de haber dejado paso a las nuevas generaciones de docentes, gozan del aprecio de los que fueron sus alumnos.

Sobral tiene una nueva preocupación, fortalecer los cursos del Profesorado recién nacidos e incorporar la Escuela a la comunidad. Esta crece incesantemente y necesita de todas las horas del Maestro.

 

ESCUELA Y COMUNIDAD

Una empresa de gran ambición y que tiene por ámbito toda la ciudad encarará la escuela en 1959. Efectivamente, se organiza y se lleva a cabo un censo en todos los aspectos.

La escuela moviliza 850 censistas entre profesores, maestros, padres, alumnos del profesorado y de los cursos superiores de la enseñanza media. Constituye un ensayo para experiencias posteriores que culminarán en el “Plan de Desarrollo de la Ciudad de Villa María” del que ya hablaremos. Es un entrenamiento para quienes tendrán a su cargo las sucesivas etapas de integrar escuela y comunidad.

El censo oficial de 1960 ratificará plenamente los resultados obtenidos por la escuela.

La escuela está en franco crecimiento, nuevas aulas, nuevos gabinetes, Departamento de Integración Cultural, Departamento de Extensión Cultural, construcción del Gimnasio cubierto, se organizan ciclos de conferencias, cursos musicales, muestras pictóricas, cine debate, teatro abierto a la inquietud de quienes desean participar, Orquesta de Cuerdas, apoyo a los barrios, todo con el entusiasmo de quienes han hecho suyo el ideal del maestro.

La apertura de los cursos del Profesorado obliga a traer excelentes catedráticos que alternan sus clases en Villa María con las que dictan en la Universidad Nacional de Córdoba. Profesores de Buenos Aires, Entre Ríos, Santa Fe y alguna provincia norteña, arriban a Villa María para incorporarse a esta cruzada cultural y educacional.

 

 

LOS FRUTOS MADUROS

El pleno reconocimiento de la obra de la escuela conducida por Sobral, le daría títulos suficientes para ser desde la “Ferias de las Ciencias” con la participación de trabajos seleccionados en toda la provincia. El significativo proyecto 13, una experiencia organizativa en materia educacional, alcanzó también a nuestra escuela. El plan de actividades extracurriculares, las “Galas de Gimnasia”, “La Farándula”, la atención socio-pedagógica del Patronato de la Infancia, la colaboración con las instituciones de servicios y de bien público, el apoyo al Barrio La Calera, los espectáculos culturales, las publicaciones de los distintos Departamentos, Gabinetes y Centro de la Institución, todo ella iba agigantando ese edificio en donde muchos de los que trabajaban ya no se conocían; pero el vórtice convergente de todas las realizaciones seguía siendo Antonio Sobral.

En 1967 aparecen cuatro tomos del “Plan de desarrollo de la ciudad de Villa María” y la “Historia de la ciudad de Villa María” de José A. Pedernera, ambas obras publicadas por la Escuela en adhesión al centenario de la ciudad.

A su vez, Canal 2 de Villa María, se constituía en el gran aliado de la Institución. La emisión de programas organizados por ella, como “Tele-escuela para padres”, tuvieron la población adulta por alumnos. Otros temas de no menor interés capitalizaron la atención de los hogares villamariense que intuían el aprovechamiento cultural y educativo de un medio de comunicación, que no sólo debe utilizarse como motivo de entretenimiento, sino para el perfeccionamiento intelectual y espiritual de la población.

Un día Sobral me cito a su escritorio y me hizo, como a tantos otros, depositario de una responsabilidad, la de planificar y poner en marcha una actividad que se denominaba “Comprensión Internacional”. Enterado que la UNESCO fomentaba una planificación escolar que propendiera a la comprensión entre los pueblos desde la misma escuela, basados en aquella frase de la Constitución de la UNESCO que encierra toda su filosofía: “Puesto que las guerras nacen en la mente de los hombres, es la mente de los hombres donde deben erigirse los baluarte de la paz”, y que esta misma organización auspiciaba en todo el mundo una red de escuelas asociadas al Plan para la “Comprensión Internacional”, Sobral entendía que la escuela no podía quedar fuera del mismo.

Ello sin embargo no era tarea fácil. Lamentablemente una disposición ministerial no permitía a los establecimientos privados la incorporación oficial a la red. Pero Sobral confiaba en que algún día los méritos de la escuela haría que aquella medida se revisara.

Quizá fue uno de los pocos sueños que no pudo ver concretados en vida, pero él, que vivía con los ojos puestos en el futuro, además a su tiempo, lo habrá sentido con la misma intensidad en su imaginación. Un año después su muerte la escuela era incorporada oficialmente al Plan de Escuelas Asociadas de la Comisión Nacional Argentina para UNESCO dependiente del Ministerio de Educación de la Nación. En 1973, la escuela es invitada y participa en un seminario que se realza en Buenos Aires, en la misma sede del Ministerio de Educación, destinado a los coordinadores del plan.

En 1974 se invita a la Institución, en mérito a su tarea, a participar del Congreso Regional Internacional que se realizó en Humahuaca (Jujuy). En esa ocasión me tocó el honor de presidir dicho Congreso, en el que participaron también representantes de Brasil, Chile, y de las provincias de Salta, Tucumán, San Juan, Mendoza, Jujuy, Formosa, Misiones, Corrientes, Entre Ríos, Capital Federal, Provincia de Buenos Aires, Córdoba y Santiago del Estero.

En 1975 y 1976, la escuela es visitada por expertos y becarios de la UNESCO, procedentes de Alemania y Santo Domingo. En 1976 en un nuevo Seminario realizado en Mar del Plata se trata sobre la aplicación de “Un método socio-afectivo para la Comprensión Internacional” y por disposición de las autoridades se dispone de un día, jornada completa para que la escuela desarrolle el relato sobre su experiencia con la comunidad.

Una de las Expertas que visitaron la escuela, la doctora Ingrid Classen Bauer, dictó una conferencia sobre la experiencia en Villa María en la Universidad de Hamburgo en Alemania; además escribió un trabajo cuya publicación fuera auspiciada por la UNESCO.

Recuerdo una frase de la doctora Classen Bauer, pronunciada en la dirección de la Escuela y con la que definió su impresión sobre lo visto “Ustedes han logrado realizar una utopía, esto en Alemania es imposible concretarlo. Sólo con mucho amor y con una gran vocación docente puede lograrse lo que ustedes han hecho”. A sus espaldas, desde el retrato del maestro, pendiente en la pared, Sobral parecía sonreír.

 

 

LA LLAMA SE APAGA

A fines de 1970, los síntomas es una dolencia de diagnóstico dudoso, alarma y preocupa. Sobral guarda reposo en su domicilio, no acusa dolores pero su tez adquiere un color amarillento. Se le traslada a la ciudad de Córdoba y allá los médicos consideran que es necesario operar. Yo le visito una par de días antes de la operación y conversamos de temas intrascendentes. Está tranquilo. Al fin la intervención y el diagnóstico inapelable. Sobral está condenado. En su área hepática está alojado el enemigo mortal. La noticia se difunde con rapidez, hay lágrimas en los ojos de quienes tanto le debían.

En la mañana del 26 de febrero de 1971, las radios de Córdoba dan a conocer por fin la dolorosa noticia: Sobral ha muerto. El gobierno provincial, el Ministerio de Cultura y Educación de la Nación, la Municipalidad de Villa María y la Biblioteca, adhieren al duelo mediante decretos y resoluciones.

Sus restos llegan desde Córdoba y el Aula Mayor, que tantas veces recogió el eco de su voz, se transforma en capilla ardiente. El desfile es incesante; allá están sus alumnos, ex alumnos, padres, docentes, la comunidad toda que ha venido a despedir al Maestro.

Me acerco al sencillo ataúd que guarda sus restos y no veo allí la palidez de la muerte. El color del rostro de Sobral es de bronce. Sí, la enfermedad doblegó sus fuerzas, pero le cubrió de bronce y lo convirtió en estatua.

El cortejo se detuvo en la Municipalidad, era el homenaje del pueblo todo a través de su comuna. Antes en la Escuela habían comenzado las despedidas emocionadas de distintos sectores, otros lo hicieron frente a su tumba; quince discursos, quince muestras del dolor compartido, despedían al Maestro aquel triste 27 de febrero.

 

 

DESPUÉS DE SOBRAL

“Cuando una generación comienza a plegar sus alas, otra comienza a abrir las suyas” dijo Sobral.

Sobral no dejó un heredero, dejó cientos de herederos para que continuaran el camino que nunca estaría libre de obstáculos.

Es destino de esta Casa es luchar y luchar, quizá allá, a pesar de las angustias y frustraciones está el mérito de quienes sin dejarse vencer, sin abandonar la empresa grande, hicieron de la Escuela su hogar paralelo.

Quizá ese legado de una lucha permanente, dé sentido a nuestras vidas.

La historia no se escribe en aguas calmas, no se interesa en la rutina, necesita de la vibración de los acontecimientos, del entrechocar de las circunstancias, de fuerzas enfrentadas que vencen o son vencidas, Necesita movimiento, ese es quiérase o no, el destino de la escuela de Sobral.